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El Botox, derivado de la bacteria Clostridium botulinum, es una proteína neurotóxica que paraliza temporalmente los músculos faciales tras su inyección. El objetivo de este procedimiento es relajar los músculos responsables de la formación de arrugas y líneas de expresión, alisando así la piel y proporcionando un aspecto más joven.
Un tratamiento con Botox suele consistir en una serie de inyecciones administradas por un profesional médico cualificado. El procedimiento es relativamente rápido y no requiere anestesia, por lo que resulta cómodo para quienes llevan un estilo de vida ajetreado. La proteína interrumpe las señales nerviosas bloqueando la liberación del neurotransmisor responsable de las contracciones musculares, reduciendo así la aparición de arrugas y líneas de expresión.
Las arrugas de la cara y cuello se originan por la acción de varios procesos que en la mayoría de los casos actúan conjuntamente:
Los 3 primeros procesos suponen un aumento de la laxitud de la piel causada por alteración en el colágeno de la dermis.
Las líneas o arrugas de expresión debidas a la acción muscular (arrugas del ceño, «patas de gallo», arrugas de la frente) aunque no se incluyen en el proceso del envejecimiento, producen un efecto inestético: cara de enfado, ansiedad, tristeza, melancolía, etc.
Dentro del conjunto de medidas que se han empleado y se emplean para eliminar estas arrugas se incluyen la ritidectomía, liposucción, inyecciones de ácido hialurónico y otras sustancias de relleno, peelings químicos, láser, resurfacing, etc.
En los últimos años, se ha introducido la toxina botulínica en el campo de la estética con el fin de bloquear la acción muscular responsable de la aparición de las líneas de las arrugas sin necesidad de cirugía u otras técnicas invasivas.
Los mejores resultados se obtienen en personas de 30-50 años y en regiones del 1/3 superior de la cara. En estas edades jóvenes, además de servir como tratamiento, es una forma de prevención.
La toxina se aplica mediante una inyección superficial con aguja fina, directamente en el músculo que existe debajo de la línea o arruga que queramos hacer desaparecer. El procedimiento no produce prácticamente ninguna molestia. Se comienza con una dosis baja que podemos ir aumentando en función del resultado que se desee conseguir, considerando que el efecto máximo de cada inyección se observa a partir de los 7-10 días posteriores. Aproximadamente a los 4-6 meses los músculos recobran parcialmente su fuerza lo que nos obliga a repetir el tratamiento. En las sucesivas inyecciones el efecto comienza a ser más duradero.
La eficacia del tratamiento es sorprendente, obteniéndose un resultado muy satisfactorio en más del 80% de las personas. Existe un porcentaje que no responden al tratamiento o que lo hacen durante un período muy corto.
La toxina botulínica es un tratamiento totalmente compatible con otros procedimientos de rejuvenecimiento como inyección de materiales de relleno, (ácido hialurónico, aquamid, etc), procedimientos de cirugía estética, láser resurfacing, IPL, etc.
