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Cuperosis y rosácea: Soluciones para un problema frecuente

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Cuperosis y rosácea: Soluciones para un problema frecuente

Publicado por Jose Luis López Estebaranz en Rosácea 26 Sep 2017

Rosácea y cuperosis

La rosácea es una enfermedad inflamatoria crónica que se puede manifestar bajo diferentes formas clínicas y que incluye una combinación de síntomas y signos como el eritema o enrojecimiento de la cara, flushing, telangiectasias o capilares sanguíneos, edema, lesiones papulopustulosas, fimas (lesiones proliferativas) y lesiones oculares.

Son manifestaciones que ocasionan una alteración importante en la estética y en la calidad de vida de las personas que las padecen.

Es una enfermedad muy frecuente que ha llegado a afectar hasta al 10% de la población en sus distintas formas. Es más frecuente en países nórdicos, en pieles claras y en las mujeres.

La cuperosis es la forma más inicial y se caracteriza por un enrojecimiento de la piel con la aparición de finas telangiectasias faciales.

En 2002 se llegó a un acuerdo internacional para clasificarla en distintas formas clínicas:

rosácea eritematotelangiectásica

• rosácea papulopustulosas

• rosácea fimatosa

• rosácea ocular.

Estas formas clínicas no son compartimentos estancos y un paciente puede presentar formas mixtas o combinadas. 

Tratamiento

El tratamiento se basa en tres pilares fundamentales:

1.- La educación al paciente para evitar estímulos y desencadenantes de la rosácea

2.- El uso de cosméticos y cuidados de la piel no farmacológicos

3.- El tratamiento farmacológico y con terapia lumínica y láser.

En las formas inflamatorias papulopustuloas utilizaremos antibióticos y antiinflamatorios tópicos incluyendo la clindamicina, ácido azelaico, metronidazol. Recientemente se ha utilizado con buenos resultados la ivermectina tópica que presenta propiedades antiinflamatorias y antiparasitarias (contra demodex folliculorum). En formas moderadas-severas es necesario el uso de tratamientos sistémicos con antibióticos y antiinflamatorios como la doxiciclina, el metronidazol y la ivermectina. En las formas más severas o resistentes el uso de isotretinoína a dosis bajas-medias es muy efectivo.

Existen nuevos fármacos en desarrollo como son los inhibidores tópicos de las proteasa de la serina que impide la liberación del precursor de la catelicidina (implicado en la patogénesis de la enfermedad) y el cromoglicato sódico al 4% que es un estabilizador de los mastocitos, cuya  degranulación es un desencadenante de la rosácea.

En las formas eritematosas y en el flushing son los sistemas de láser y luz pulsada los tratamientos más efectivos.

Recientemente se ha demostrado la eficacia de la toxina botulínica aplicada a dosis bajas de forma local.

Los vasoconstrictores tópicos (agonistas del receptor alfa adrenérgico) tienen una eficacia limitada.

 

 

Los sistemas láser y fuentes de luz son un procedimiento cada vez más utilizado para los distintos síntomas y signos clínicos de la rosácea. Son de gran utilidad y muchas veces el único sistema de llegar a eliminar las alteraciones que provoca. Los sistemas IPL y láseres vasculares (KTP, PDL, Nd YAG) son fundamentales y muy eficaces en la eliminación de las alteraciones vasculares, mientras que los sistemas ablativos de CO2 y Erbio son el mejor sistema de eliminar las formas fimatosas (formas proliferativas de la rosácea). En las formas papulopustulosas y en los brotes activos de rosácea se ha aplicado con resultados satisfactorios sistemas de IPL y Nd:YAG y recientemente se están introduciendo formas nuevas de luz como la terapia biofotónica.

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